Cuando un niño es malvado (o mejor dicho, hace maldades), generalmente los adultos comienzan a cuestionar su crianza, sus modelos a seguir, sus valores familiares, la música o los programas televisivos que consume, etc.
Personalmente dudo mucho que un padre se siente a la mesa a darle consejos a sus hijos acerca de cómo volarle el hocico en mil pedazos a un pobre perro. Estas IDEAS surgen del niño en cuestión. De seguro el niño puede estar pasando una infancia difícil o puede estar canalizando frustraciones hacia el exterior, pero la originalidad de sus actos le pertenece.
Es decir que, si bien la raíz del mal puede estar operando desde el entorno, el niño dañino pone de sí, cierta cuota de creatividad al servicio del mal. Esto se realiza, según yo, de modo conciente y voluntario.
Esta última cuestión es la que los adultos "morales" se niegan a ver, insistiendo en el hecho de que todo niño es un ángel. Esta conducta, según lo creo, fomenta el descreimiento en el hecho de que la inteligencia, la creatividad y la originalidad infantiles puedan ser puestas a trabajar en actos malignos.
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