viernes, 29 de octubre de 2010

MÁS RESPETO QUE SOY TU MADRE...

Hasta hace pocas horas, no entendía por qué este tema me molestaba tanto. Ahora me voy dando una leve idea. Cartas abiertas, gurúes de las buenas formas… En pocas horas afloraron cientos, tal vez miles de fiscales morales y guías del camino ético. Abundan. Y aunque es demasiado fácil pedir respeto, ya es demasiado tarde; ya no sirve. Pero no es esto lo que me molesta. No voy a entrar en el ancho camino de la alusión al respeto ganado y merecido en contraste con el respeto que debe suplicarse y pedirse enojosamente. No voy a hacerlo, porque es un argumento perezoso y harto consabido. Tampoco es esta dicotomía la que despierta mi enojo.Si la muerte de un hombre suscita lo peor de muchas personas, quienes se oponen a esta conducta en vez de enojarse deberían preguntarse por qué. Pero tal vez la respuesta sea ya conocida. Después de todo, empezaron a clamar respeto un poco antes de que las expresiones de malévola alegría comenzaran a hacerse escuchar. Y sin embargo, hasta acá, todo es entendible.No entiendo, sin embargo, con qué criterio se le pide a la gente que reaccione con hipocresía. No entiendo tampoco con qué derecho se la insta a mentir y a disimular. Y aunque no lo entiendo, esto tampoco me enoja.Me viene a la memoria un hecho acontecido no hace mucho, cuando en 678 se le preguntó a Hebe de Bonafini si no debería de atenuar un poco sus insultos para con la Suprema Corte y para con la oposición. Muchos en esa mesa de debate arguyeron que el respeto no era merecido, que los insultos estaban justificados. “¿Por qué habría que mostrar respeto a esa gente?” inquirió Barone.…”¿por qué habría de mostrar respeto a esa gente?”…Pero seamos más gente que ellos y supongamos que tenemos el civismo necesario como para respetar a cualquier sector que no se digna a dar de sí aquello que ahora inquiere en aras de su beneficio. “Más respeto”. Y el verme forzado a tener que respetar, tampoco me enoja.Pero lo que me empuja a decir “esto está demás” es la reacción por parte de aquellos que se muestran hoy tan ofendidos. Sectores enteros de gente supuestamente herida, no esconden sus garfios afilados ni sus odiosos colmillos a la hora de comenzar a insultar.“Andate Cobos la puta que te parió, andate Cobos la puta que te parió…” Con ese canto se hace notar la hinchada acodada en la casa de Gobierno mientras se despiden los restos del ex presidente Nestor Kirchner.Personal de seguridad del oficialismo impidiéndole a la gente de la oposición el ingreso al recinto en donde se encontrara el cuerpo del ex mandatario, negándoles así la oportunidad de mostrar, para bien o para mal, honrosa o deshonrosamente, sus respetos. Aún en estas instancias, en estos momentos críticos y sensibles, prima el Boca-River que caracteriza nuestra política.¿Siempre debemos esperar a que sea tarde para pedir respeto? ¿Debe de surgir siempre ante la muerte, cuando ya no hay nada por hacer? ¿Y el respeto ante los vivos? ¿El respeto a los que aún quedan y todavía pueden gozar del respeto que se les brinda? ¿Es demasiado pedir?Ahora es fácil ser sensible, ser altruista, ser mejor persona. Ahora es muy fácil señalar a aquel argentino que movido por el odio –odio generado en más de una forma- no duda en mostrar de sí lo más sincero y lo más cínico. Hoy, es muy fácil con cartas abiertas quedar como un duque.Y ese facilismo hipócrita, ese facilismo perezoso de pátina altruista y humanitara me hace regurgitar estas palabras y vomitarlas una a una, porque como ya dije, por escrito es muy fácil indicar el camino correcto.