lunes, 13 de febrero de 2012

LIBERATE TUTEMET EX INFERIS

Diferentes literatos han concebido al infierno en formas muy variadas. Para Dante, consistía en una suerte de cono compuesto por distintos círculos, donde cada uno de ellos constituía un nivel alejado del anterior, siendo el último círculo el noveno, el cual era un infierno helado. Esta idea me resultó original.
Las variaciones que surgieron durante el romanticismo o el renacimiento también aportaron sus cuotas de creatividad a este concepto.
Pero yo imagino al infierno de un modo un poco menos violento, aunque más tenebroso. Lo concibo como una sala sin salida, en la que estás condenado a aburrirte.
Una vez que llegás allí, puede que te reciba un extraño que comienza a contarte acerca de sus vacaciones y acto seguido saca un fajo interminable de fotos, las cuales te solicita que mires. En el infierno, al igual que en la vida terrena, tampoco tenés la caradurez necesaria para decirle “señor, no me intersa” y por tanto te tenés que morfar un momento infinito mirando fotos de paisajes de mierda, alternados con la foto de algún platillo de comida exótica.
También hay personas que te cuentan chistes malísimos. El problema no es sólo que hay que escucharlas, sino que son del tipo de gente que al terminar de hacer la broma, te golpea con el codo como indicándote que ya te podés reír y te pregunta “¿ah, ah?” como queriendo saber tu opinión acerca del chascarrillo.
Existe en esa sala, un televisor para los momentos de ocio (que son todos). La cuestión es que la única programación disponible son las películas que Teleocho te pasa un domingo al mediodía. Una de esas en las que el perro juega al básquet o algo así.
También hay una computadora con conexión dial-up. Bajar un mp3 te puede demorar 1.40 hs. y ni hablemos de ver videos online. Igual no importa porque en el infierno ya se aprobó SOPA.
En el infierno que yo concibo, no hay comida, así que olvidate de matar el aburrimiento llevándote algo a la boca.
Hay también, a disposición de los socios, una pequeña biblioteca, llena de libros de autoayuda y revistas Cosmopolitan.
En una de las paredes, existe una diminuta ventana que te permite ver el hermoso día que hay afuera, pero como ya dije, en la habitación no hay salida alguna.
Eso sí… de tanto en tanto, en una variación de tiempo que no puedo transcribir, se produce un fenómeno especial. Un nuevo miembro arriba y se te permite, únicamente por un día, desaburrirte con esa persona. La única forma permitida de hacerlo, es hablándole de vos mismo. Esa persona está obligada a escuchar.
Así el nuevo miembro recibe también una bienvenida realmente aburrida y monótona y a vos te toca ser el infierno de alguien más.
Al final, Sastre tenía razón: “El infierno son los otros”.

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