En otro mundo, en otro plano, en una dimensión paralela, acaba de ocurrir el fin de los tiempos. Allí también los mayas habían pronosticado que alrededor de estas fechas, tal cosa ocurriría.
El primer registro del inicio del fin, comienza con una pareja francesa que hacía dos años intentaba infructuosamente tener un hijo. Una infinidad de estudios médicos denotaba la buena fertilidad de ambos y no existía una causa conocida que impidiera la fecundación. No obstante, la pareja seguía sin prole.
Más llamativo resultó incluso el hecho de que ni siquiera la fertilización in-vitro sirviera de algo. Sin importar lo que se intentase, lograr un embarazo resultaba imposible.
A mediados de agosto del 2011, casos como éstos empezaron a proliferar en el mundo. La imposibilidad de reproducción humana era, para octubre, un hecho concreto.
La noticia desconcertó a la humanidad por unos días, pero al poco tiempo y de modo netamente repentino, a la gente dejó de importarle. Las personas volvieron a vivir sus vidas normalmente y a nadie le parecía extraño -incluso- que a nadie le extrañase este fenómeno.
Luego, este acontecer sufrió un cambio rotundo. Una mutación realmente peligrosa. Pocas semanas transcurrieron desde que la imposibilidad de procreación fue subseguida de la inexistencia de toda producción y creatividad.
Ya no sólo la gente era incapaz de engendrar nuevos miembros de la especie, sino además, había perdido todo interés en las actividades diarias.
Una especie de anemia mental se había apoderado de los individuos. En un máximo de cuatro días, las personas habían abandonado toda actividad, comenzando con el trabajo. Ésto fue agravándose con el hecho de que al cabo de un tiempo, la gente ya ni siquiera se comunicaba por medio alguno. Una suerte de autismo epidémico se adueñó de todo.
Las personas se habían reducido a meros deambuladores somnolientos sin interés en ninguna clase de actividad, a excepción de la alimentación. Aunque cabe destacar que ya no preparaban los alimentos, sino que consumían lo primero que encontraban. Lo único que los distinguía de los zombies, era la carencia de una orientación caníbal.
Un buen día de enero del 2012, la gente comenzó a acostarse a dormir, para ya no levantarse al despertar.
Al abrir los ojos, se limitaron a seguir con la mirada los escasos movimientos que se producían a su alrededor y ni siquiera el hambre los motivó a levantarse. La pereza fue más fuerte.
Uno a uno, los habitantes del planeta fueron cediendo a la desnutrición y una a una se extinguieron así sus vidas, del mismo modo en el que se extingue la llama de una vela.
Ésto sucedió en otra dimensión, en otro plano, en otro mundo y así terminó allí la historia. Aquí, no obstante, es curioso cómo se dan las cosas. Algo muy parecido sucede en la Tierra, aquí y ahora. Pero acá, ésto es cuestión de divertimento. Acá, esta sucesión de hechos se conoce como "Gran Hermano" y aparentemente es algo en lo que todo el mundo desea participar de forma activa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario