Es sospechado por muchos, sabido por pocos y comprobado por absolutamente nadie, el hecho de que existen contenidos psíquicos, inconscientes o no, comunes a la humanidad toda; una especie de patrimonio anímico colectivo o bien, un bagaje de verdades trascendentales, inherente al hombre en tanto especie.
Bastian Fatt no sólo fue uno de entre tantos que han sabido apreciar esta “realidad”. En efecto, a Bastian se le hizo muy claro desde su temprana juventud que las claves del universo están entretejidas en un manto etéreo que nos envuelve y se nos escapa al mismo tiempo, siendo sólo el ojo inspirado y sensible aquel que puede vislumbrarlas, aunque nunca en su total magnificencia.
Atento a lo anterior, Bastian se dio cuenta de que una vez que "la verdad" se materializa en ideas y adopta la forma de conceptos, la misma se vuelve asequible rápidamente a varias personas a la vez, sin importar quién haya sido el que pudo distinguirla primero. Es decir que para Bastian, ningún hombre es el legítimo creador, descubridor o inventor de nada, sino tan sólo su vocero; un “elegido” por la vida misma, para ser el portador momentáneo de determinado bien que, a partir de entonces, será propiedad comunal de la raza humana. Si bien lo aquí expuesto se torna inverosímil, nada indica que sea novedoso. Podemos rastrear esta idea hacia sus raíces mitológicas presentes ya en el relato de Prometeo, quien habiéndole robado el fuego a los dioses, no intentó acapararlo para sí mismo sino dejarlo como legado al resto de los mortales. Ese es el modo en el que, según Bastian, funciona la vida.
El joven Fatt entendió también muy tempranamente que no importaba que alguien hubiese ideado algo primero, ya que la historia supo siempre otorgar gloriosos laureles a aquel pudo comunicarlo con mayor premura. Es por esto que Bastian no se sorprendía ante los horrores históricos que demuestran las injusticias propias del origen simultáneo de uno y el mismo fenómeno en distintas partes del mundo y las peripecias que acompañaban dicho suceso, tales como la invención del teléfono llevada a cabo sincrónicamente por Graham Bell y Meucci, o bien, el cálculo diferencial desarrollado en igualdad de condiciones por Newton y Leibniz (por nombrar unos pocos ejemplos).
Digamos -en pocas palabras- que lo que importa es el mensaje y no el mensajero.
Es como si el tiempo mismo considerase, en determinado momento, que la humanidad está lista para recibir una nueva intelección y hace que florezca la idea aquí y allá, en uno, dos, o tal vez tres lugares distintos al mismo tiempo.
Pero Bastian consideraba que ésto era injusto. Él creía que si bien esto era cierto, los elegidos debían recibir sus galardones y ser señalados como genios descubridores y no simplemente como meros portadores de una verdad legada por la naturaleza a unos cuantos sujetos al azar.
Bastian entendía esto y comenzó a carcomerle la cabeza, el hecho de encontrar una solución a este acontecer. Él que sabía que era de los primeros en descubrir esto, quería encontrar la forma de evitar que alguien más lo publicara con anterioridad y le robara el crédito.
Pero mientras él sigue planeando en cómo llevar esto a cabo, yo termino de postearlo en este blog...
Lo siento, Bastian. Seguí participando.
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