En todas las especies animales conocidas, el espécimen más hermoso y llamativo es siempre el macho mientras que la hembra no posee elementos de interés. Ya fuere por el plumaje, el color, la cornamenta, el tamaño, etc., el macho siempre hace gala de sus atributos estéticos para conseguir una hembra, llegando incluso a competir violentamente con otros machos de la especie en esta empresa.
Según se dice, esto deja de ser cierto en la especie humana, donde son las hembras las más hermosas y llamativas, lo cual deja la competencia entre los machos, librada a una cuestión simbólica... o mejor dicho: $imbólica.
No obstante, entre "machos" sabemos que no es larga la brecha que nos separa del reino de las otras especies. No tendremos plumas, ni cuernos hermosos, ni colores llamativos... pero sabemos bien que lo simbólico deja de ser simbólico cuando lo verdaderamente importante puede ser medido con regla. En definitiva, el tamaño sí importa y por esta razón, el sistema métrico sirve más para acercarnos a nuestros primos los monos, que para alejarnos de ellos.
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