Un maestro es equivalente a la llama que emerge de la hornalla. Si se coloca sobre ella un recipiente de menor diámetro que el de la flama circular, el fuego que excede por los bordes de dicho recipiente, es energía que no se aprovecha en ningún lado. El contenido a calentar demora lo mismo en ser cocinado a fuego lento que a máxima potencia.
Lo mismo sucede cuando es un alumno demasiado "verde" el que se encuentra frente a un maestro sobrecapacitado para su función. El excedente de sabiduría y conocimiento que emana del profesor no es aprovechado por el estudiante, debido a sus limitadas aptitudes. Además de esto, siendo que el alumno que tiene su mente al 0% requiere primero aprender las bases de la materia, el instructor se ve sometido a la ardua tarea que implica depurar el material, para eliminar todo contenido extra que no sólo no ayuda, sino que complica la recepción del conocimiento más elemental.
Un estudiante demasiado inexperto aprende lo básico de forma más inmediata cuando su maestro conoce sólo lo necesario para este fin. Mayor pericia en el tema, sólo dificulta la recepción del conocimiento.
Ahora, más allá de todo esto, si el alumno no es afín a sentarse a estudiar, no importa quién explique, éste estará siempre al horno.
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